Ygdrasil


- El trabajo mas difícil del Universo es ser animales civilizados -reflexionó ella, sonriendo-. Tener conviviendo en la misma celda este cerebro, este estomago y estos genitales es un mal chiste. Pasan todo el día peleándose.

- ¡No les han enseñado a controlarse aún!

- Puf... Lo intentan. Somos lobos educados como vacas, pero lobos al fin -respondió ella con cansancio-. Nuestro problema es que somos depredadores viviendo en manadas. La matanza interna es terrible. El cerebro fabrica incesantemente razones para justificarla, pero en el fondo solo está el loco, hambriento de carne humana.

- Los hombres están divididos.

- La Tierra es un barco sin timón, compadre, un barco a la deriva, lleno de locos devorandose entre sí. Debemos ser todo un espectáculo para el resto del Universo. Seria mejor que nos borraran de una vez.

- Nadie va a mancharse las manos con ustedes.


Jorge Baradit

Llamado por los malos poetas


Se necesitan malos poetas.

Buenas personas, pero poetas
malos. Dos, cien, mil malos poetas
se necesitan más para que estallen
las diez mil flores del poema.

Que en ellos viva la poesía,
la innecesaria, la fútil, la sutil
poesía imprescindible. O la in-
versa: la poesía necesaria,
la prescindible para vivir.

Que florezcan diez maos en el pantano
y en la barranca un Ele, un Juan,
un Gelman como elefante entero de cristal roto,
o un Rojas roto, mendigando
a la Reina de España.

(Ahora España
ha vuelto a ser un reino y tiene Reina,
y Rey del reino. España es un tablero
de alfiles politizados y peones
recién comidos: a la derecha, negros, paralizados, fuera del juego).

Y aquí hay torres de goma, alfiles
politizados y damas policiales
vigilando la casa.

A la caza del hombre,
por hambre, corren todos, saltan
de la cuadrícula y son comidos.

Todo eso abunda: faltan los poetas,
los mil, los diez mil malos, cada uno
armado con su libro de mierda. Faltan,
sus ensayitos y sus novela en preparación.
Ah.. y los curricola,
y sus diez mil applys nos faltan.

No es la muerte del hombre, es una gran ausencia
humana de malos poetas. Que florezcan
cien millones de tentativas abortadas,
relecturas, incordios,
folios de cartulina, ilustraciones
de gente amiga, cenas
con gente amiga, exégesis, escolios,
tiempo perdido como todo.

Se necesitan poetas gay, poetas
lesbianas, poetas
consagrados a la cuestión del género,
poetas que canten al hambre, al hombre,
al nombre de su barrio, al arte y a la industria,
a la estabilidad de las instituciones,
a la mancha de ozono, al agujero
de la revolución, al tajo agrio
de las mujeres, al latido
inaudible del pentium y a la guerra
entendida como continuidad de la política,
del comercio,
del ocio de escribir.

Se necesitan Betos, Titos, Carlos
que escriban poemas. Alejandras y Marthas
que escriban. Nombres para poetas,
anagramas, seudónimos y contraseñas
para el chat room del verso se necesitan.

Una poesía aquí del cirujeo en la veredas.
Una poesía aquí de la mendicidad en las instituciones.
Una poesía de los salones de lectura de versos.

Una poesía por las calles (venid a ver
los versos por las calles...)

Una poesía cosmopolita (subid a ver
los versos por la web...).

Una poesía del amor aggiornado (bajad a ver
poesía en el pesebre del amor...)

Una poesía explosiva: etarra, ética,
poéticamente equivocada.

En los papeles, en los canales
culturales de cable, en las pantallas
y en los monitores, en las antologías y en revistas
y en libros y en emisiones clandestinas
de frecuencia modulada se buscan
poetas y más malos poetas:
grandes poetas celebrados pequeños,
poetas notorios, plumas iluminadas,
hombres nimios, miméticos,
deteriorados por el alcohol,
descerebrados por la droga,
hipnotizados por el sexo
idiotizados por el rock,
odiados, amados por la gente aquí.

En las habitaciones se buscan.
En un bar, en los flippers,
en los minutos de descanso de la oficina,
entre dos clases de gramática,
en clase media, en barrios
vigilados se buscan.

¿Habrá en la tropa?
¿En los balnearios, en los baños
públicos que han comenzado a construir?
¿En los certámenes de versos?
¿En los torneos de minifútbol?
¿Bajo el sol quieto?
¿A solas con su lengua?
¿A solas con una idea repetitiva?
¿Con gente?
¿Sin amor?

No es el fin de la historia, es
el comienzo de la histeria lingual.

Todo comienza y nace de una necesidad fraguada en la lengua.
Falsifiquemos el deseo:
Te necesito nene.
Para empezar te necesito.
Para necesitar, te pido
ese minuto de poesía que necesito, necio:
quisiera ver si me devuelves el ritmo de un mal poema,
que me acarices con sus ripios,
que me turbes la mente con otra idea banal,
y que me bañes todo con la trivialidad del medio.

Y en medio del camino, en el comienzo
de la comedia terrenal, quiero vivir
la necedad y la necesidad
de un sentimiento falso.

Se necesitan nuevos sentimientos,
nuevos pensamientos imbéciles, nuevas
propuestas para el cambio, causas
para temer, para tener,
aquí en el sur.

Y arriba España es un panal
de hormigas orientales:
rumanas, tunecinos,
suecas a la sombra de un Rey.

Riámonos del Rey.
De su fealdad.
De su fatalidad.
De Su Graciosa Realidad.
La realidad es un ensueño compartido.
La realidad de España
es su filosa lengua pronunciando la eñe
y su mojada espada pronunciando el orden
del capital y la sintaxis.

¡Ay, lengua:
aparta de mí este cuerno de la prosperidad clavado en tu ingle,
suturada de chips, y cubre
nuestras heridas con el bálsamo de los malos poemas..!

Rodolfo Fogwill

Mi confesión


Hay una fábula oriental, que cuenta que hace muchos años, un viajero fue perseguido por una furiosa bestia en un descampado. Escapando de la bestia, él logro introducirse en una gruta; pero, tan pronto como se introdujo, vio en el fondo de la gruta un dragón que abría sus fauces para devorarlo. El muy desafortunado, había quedado en una posición intermedia en la que si subía seria devorado por la bestia que lo perseguía y si seguía cayendo seria devorado por el dragón, así que logró aferrarse a una rama que salía de una grieta y quedo colgado de ella. Sus manos fueron debilitándose cada vez mas, hasta que le pareció que pronto tendría que resignarse a la destrucción que le esperaba, lo mismo arriba que abajo, pero él siguió aferrado. Entonces, vio como dos ratones, negro el uno y blanco el otro, se daban a la tarea de pasar royendo una y otra vez la raíz de la rama de la que él colgaba. Pronto la raíz se desprendería y él caería dentro de las fauces del dragón. El viajero se percató de su desesperada situación y supo que perecería inevitablemente. Pero, mientras seguía colgado logró otear unas gotas de miel en las hojas de la rama, las alcanzo con la lengua y las lamió.

Así es como yo estoy: colgado de la rama de la vida, conciente de que el dragón de la muerte me espera, para destrozarme; y no puedo entender como he llegado a éste tormento. He intentado lamer la miel que antes me consolaba, pero ya no me otorga placer, y los ratones del día y de la noche terminaran por roer la rama de la que cuelgo. Mientras veo tan claramente al dragón, la miel ya no me resulta dulce. Sólo veo al ineludible dragón y a los ratones, no puedo apartar mi mirada. Está no es una fábula, sino la verdad incontestable, inteligible para todos.

La decepción que me han dado los placeres de la vida, que antes alejaban de mí el terror al dragón, ya no me consuelan. No importa que repetidamente me digan: “tú no puedes entender el sentido de la vida, no pienses en ello, tan sólo vive”, ya no puedo seguir haciéndolo: lo he hecho ya demasiado. El paso del día y de la noche ya no está a mi servicio, pues me acerca a la muerte. Esto es todo lo que puedo ver, esa es la única verdad. Lo otro es falso.


León Tolstoi

Calle de la gloria



El mal, no los errores, perdura,
lo perdonable está perdonado hace tiempo,
los cortes de navaja
se han curado también, sólo el corte que produce
el mal,
ése no se cura, se reabre en la noche, cada noche.

Ingeborg Bachmann


LO OCULTO (1908)


Por cuanto hice y por cuanto dije
que no traten de encontrar quién era yo.
Un obstáculo se alzaba y transformaba
mis acciones y mi modo de vivir.
Un obstáculo se alzaba y me detenía
muchas veces cuando iba a hablar.
Mis acciones más inobservadas
y mis escritos más ocultos
-sólo por allí me entenderán.
Mas acaso no vale la pena gastar
tanta atención y tanto esfuerzo para conocerme.
Más tarde -en la sociedad más perfecta
algún otro, hecho como yo,
ciertamente surgirá y actuará libremente.


Constantino Kavafis

Compromiso


El tiempo devora
con inclemencia de plaga.

Apresarlo
es comprender los rituales del sueño.
Profanar un santuario que no existe.

Yo,
labrador de apremios y retrasos
proclamo al fin la muerte de los días.

Desde hoy celebraré el instante,
prolongaré en el sueño mis vigilias,
desafiaré la impudicia de estas horas.

Desde hoy apelaré a los dioses
para que envidien las huellas de mis pies.

Aunque el viento repita
su ambición cotidiana.



Osvaldo Rossi


Ah, que tú escapes


Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no querías creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.

José Lezama Lima

Silencio


Yo que crecí dentro de un árbol
tendría mucho que decir,
pero aprendí tanto silencio
que tengo mucho que callar
y eso se conoce creciendo
sin otro goce que crecer,
sin más pasión que la substancia,
sin más acción que la inocencia,
y por dentro el tiempo dorado
hasta que la altura lo llama
para convertirlo en naranja.

Pablo Neruda

La copa


Fantasmas en la noche,
con labios invisibles,
han dicho una palabra.
Y en las zarzas se asoman,
tímidos, uno a uno,
los gnomos que tan sólo
salen a media noche
a recoger bellotas
y agua de la fontana.
Como las viejecitas
de los cuentos de los niños,
los gnomos, uno a uno,
salen de entre laureles.
–Hijos de las estrellas,
traspasando los siglos
cual pasa una saeta
los fosos de un castillo,
he venido hasta el prado
donde cogéis bellotas
y agua de las fontanas
en la hora de la muerte.
–Oh, brote de la viña
gloriosa de las gestas,
que el tesoro de Nybling
arrojaste en el lago.
El tesoro de Nybling
tenía ópalos finos
como uñas de sirenas,
y esmeraldas clarísimas,
y esmaltes milagrosos,
y todas las sardónicas
del harpa suave y magna
de Salomón, tirano ...
Pero había una copa,
más que todas divina,
toda de oro labrado,
donde un forjador puso
a Deucalión y Pyrra
llorando en el Parnaso
la desnudez del mundo ...
–Hijos de las estrellas,
aquella copa mágica,
más que todas divina,
toda de oro labrado,
la traigo bajo el manto.
Dadnos la copa mágica,
¡oh, Sigfrido, oh, Sigfrido!,
dadnos la copa mágica,
más que todas divina,
para beber en ella
el elixir de lirios,
que pone en el cerebro
la alegría del cielo
con la paz de la muerte...
Porque antes fuimos, antes,
los gnomos de las danzas
la luz de la luna,
con caperuzas rojas,
con escudos de hongos.
Y hoy, hombrecillos trágicos,
tenemos en los pechos
el dolor de los hombres:
la conciencia del mal...
Dadnos la copa mágica,
sombra de la leyenda.
(Y el ruego era un gemido
largo, como de harpa
que cae en los umbrales
de un palacio desierto.)
... Una mano invisible
la crátera ha tendido...
En la copa de oro
beben los geniecillos
la alegría del cielo
con la paz de la muerte.
Y la sombra del héroe,
por siempre silenciosa,
con Balmung a su cinto
se desvanece como
la burbuja en la llama.
Donde estaba su sombra
vienen haces de cuervos.
Después no hay más que luna
sobre las piedras blancas
donde duermen los cuervos.

Enrique Banchs

LOS STUPRA


I

Las bestias primitivas cubrían a galopa,
con glandes albardados en sangre y excremento.
Nuestros padres mostraban con orgullo su miembro,
el pliegue de la vaina y las bolsas rugosas.

En la edad media, a la hembra, ya fuera ángel o gocha,
le era preciso un mozo de sólido ornamento;
hasta al mismo Kleber, si el culote es sincero,
no han debido faltarle los recursos que te honran.

El humano al mamífero más altivo es igual;
el grandor de su miembro sin razón nos extraña;
pues sonó la hora estéril: el caballo fugaz.

y el buey han embridado sus ardores; ya nada
ni nadie osa arbolar su orgullo genital
por boscajes que puebla una grotesca infancia.

II

Nuestros glúteos no son iguales a sus glúteos
He visto a gente en cueros, detrás de los vallados,
y a niños, cuando juegan libremente en el baño,
los planos y las huellas que ofrecen nuestros culos.

Más firmes, aunque a veces, con un color blancuzco,
y distintos niveles que entolda el emparrado
de los pelos. En ellas, sólo florece el raso
por su raja embrujada, raso largo y profuso.

Con una maestría que embriaga y maravilla
que sólo vi en los ángeles de las pinturas sacras
simulan un carrillo donde anida una risa.

¿Estar, así, desnudos, encontrar gozo y calma,
con la frente inclinada hacia su oronda dicha
y libres, los dos juntos, susurrar una lágrima?

III

Tan oscuro y fruncido como un clavel morado,
respira humildemente, entre el musgo, al abrigo,
húmedo aún de amor, con dulzura escurrido
entre las blancas nalgas hasta su centro orlado.

Hilillos semejantes a lagrimones lácteos
han llorado en el viento cruel, que al no admitirlos
los lanza entre los cuajos de unos lodos rojizos
hasta perderse donde han sido convocados.

Mi sueño se embocó, tenaz, a su ventosa;
mi espíritu, envidioso del coito material,
hizo de él lagrimal y nido de sus quejas.

Es la oliva convulsa, es la flauta mimosa,
el tubo por do baja la almendra celestial
Canaán femenino que la humedad apresa.


Arthur Rimbaud

M. Duras


Me dije que uno escribe siempre sobre el cuerpo muerto del mundo y también sobre el cuerpo muerto del amor. Que es en los estados de ausencia donde se hunde el escrito, no para reemplazar nada de lo que ha sido vivido o supuestamente ha sido, sino para consignar el desierto dejado por ello.

Marguerite Duras

El puente


Yo era rígido y frío, yo estaba tendido sobre un precipicio; yo era un puente. En un extremo estaban las puntas de los pies; al otro, las manos, aferradas; en el cieno quebradizo clavé los dientes, afirmándome. Los faldones de mi chaqueta flameaban a mis costados. En la profundidad rumoreaba el helado arroyo de las truchas. Ningún turista se animaba hasta estas alturas intransitables, el puente no figuraba aún en ningún mapa. Así yo yacía y esperaba; debía esperar. Todo puente que se haya construido alguna vez, puede dejar de ser puente sin derrumbarse.
Fue una vez hacia el atardecer -no sé si el primero y el milésimo-, mis pensamientos siempre estaban confusos, giraban siempre en redondo; hacia ese atardecer de verano; cuando el arroyo murmuraba oscuramente, escuché el paso de un hombre. A mí, a mí. Estírate puente, ponte en estado, viga sin barandales, sostén al que te ha sido confiado. Nivela imperceptiblemente la inseguridad de su paso; si se tambalea, date a conocer y, como un dios de la montaña, ponlo en tierra firme.
Llegó y me golpeteó con la punta metálica de su bastón, luego alzó con ella los faldones de mi casaca y los acomodó sobre mi. La punta del bastón hurgó entre mis cabellos enmarañados y la mantuvo un largo rato ahí, mientras miraba probablemente con ojos salvajes a su alrededor. Fue entonces -yo soñaba tras él sobre montañas y valles- que saltó, cayendo con ambos pies en mitad de mi cuerpo. Me estremecí en medio de un salvaje dolor, ignorante de lo que pasaba. ¿Quién era? ¿Un niño? ¿Un sueño? ¿Un salteador de caminos? ¿Un suicida? ¿Un tentador? ¿Un destructor? Me volví para poder verlo. ¡El puente se da vuelta! No había terminado de volverme, cuando ya me precipitaba, me precipitaba y ya estaba desgarrado y ensartado en los puntiagudos guijarros que siempre me habían mirado tan apaciblemente desde el agua veloz.


Franz Kafka

Tú escribes


Tú escribes para cambiar el mundo, sabiendo perfectamente bien que probablemente no puedas hacerlo, pero también sabiendo que la literatura es indispensable para el mundo... El mundo cambia de acuerdo a la forma en que la gente lo ve, y si tú modificas, aunque sea por un milímetro, el rumbo, la gente lo vería como una realidad; entonces tú puedes cambiarlo.

James Baldwin

EL SUEÑO DEL PRÍNCIPE


Marya Aleksandrovna Moskalyova es, por supuesto, la primera dama de Mordasov. De esto no cabe la menor duda. Se comporta como si no necesitara de nadie y, por el contrario, como si todos necesitaran de ella. Verdad es que nadie le tiene afecto, mejor aún, que muchos la detestan cordialmente; ello no quita que todos la teman, que es lo que ella quiere. Esto es ya señal de alta política. ¿Por qué, por ejemplo, Marya Aleksandrovna, que es aficionadísima a las habladurías y no pega ojo en toda la noche si la víspera no se ha enterado de algún chisme, por qué sabe conducirse, no obstante, de modo que quien la mire no sospechará que esta grave señora es la chismosa más grande del mundo o por lo menos de Mordasov? Se pensaría más bien que el chismorreo debiera desaparecer en su presencia, que los murmuradores debieran ruborizarse y temblar como escolares ante el señor maestro, y que la conversación debiera versar sólo sobre los temas más elevados. Por ejemplo, ella sabe de algunos vecinos de Mordasov cosas tan sorprendentes y escandalosas que si las contara en ocasión oportuna y las demostrara como ella sabe demostrarlas, provocaría en Mordasov un terremoto como el de Lisboa. Sin embargo, es muy discreta en cuanto a esos secretos y los revela sólo en situaciones extremas y sólo a sus amigos mas íntimos. Ella se limita a dar sustos, insinúa que sabe algo y prefiere mantener a ese caballero o aquella dama en estado de terror constante a darles el golpe de gracia. ¡Esto es talento, esto es táctica! (...)

Fedor Dostoiewski

El conocimiento silencioso


El hombre racional, al aferrarse tercamente a la imagen de sí mismo, se garantiza una ignorancia abismal. Ignora el hecho de que el chamanismo no es cuestión de encantamientos y abracadabras, sino que es la libertad de percibir no sólo el mundo que se da por sentado, sino todo lo que es humanamente posible lograr. Tiembla ante la posibilidad de ser libre, y la libertad está al alcance de su mano.
El problema del hombre es que intuye sus recursos ocultos pero no se atreve a utilizarlos. Por eso dicen los guerreros que el problema del hombre es el contrapunto que crean su estupidez y su ignorancia. El hombre necesita ahora, más que nunca, que le enseñen nuevas ideas que tengan que ver exclusivamente con su mundo interior; ideas de chamanes, no ideas sociales; ideas relativas al enfrentamiento del hombre con lo desconocido, con su muerte personal. Ahora, más que nunca, necesita que le enseñen los secretos del punto de encaje.


Carlos Castaneda

LA CONSERVACION DE LOS RECUERDOS


Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: Luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice: "Excursión a Quilmes", o: "Frank Sinatra".
Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: "No vayas a lastimarte", y también: "Cuidado con los escalones." Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras en las de los cronopios hay una gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempre de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas en su sitio.

Julio Cortázar

Roberto Arlt


El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un "cross a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y "que los eunucos bufen".

Roberto Arlt

Atavismo

¿ves borroso en los bordes?
y si destrozas la obra cromática aquélla de tus padres ¿reconocerías los colores?

¿el dolor elegido en las piezas en los pedazos por decir? azul cielo
blanco piedra transparente

¿arrancarás la imprecisión la verdad que une ésta y aquélla intercesor
mediador de la defensa de los hombres?

Alejandro Tarrab

Sunset Boulevard


Se va alejando
por un sendero.
A un lado,
una palmera gigante.
Al otro,
el polvo del sol.
Pequeño, flaco, decidido.
Va a traer el coche más cerca
para guardar las cosas del pic-nic.
Es lo que queda
de una vida.
Ese viejo,
mi padre.

Marisa Serebrenik

Hay un niño en la calle


A esta hora exactamente,
Hay un niño en la calle….
¡Hay un niño en la calle!

Es honra de los hombres proteger lo que crece,
Cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
Evitar que naufrague su corazón de barco,
Su increíble aventura de pan y chocolate
Poniéndole una estrella en el sitio del hambre.
De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo
Ensayar en la tierra la alegría y el canto,
Porque de nada vale si hay un niño en la calle.

Todo lo toxico de mi país
a mi me entra por la nariz
Lavo autos, limpio zapatos,
huelo pega y también huelo paco.
Robo billeteras pero soy buena gente
soy una sonrisa sin dientes
Lluvia sin techo, uña con tierra,
soy lo que sobró de la guerra.
Un estomago vacío,
soy un golpe en la rodilla
que se cura con el frío.
El mejor guía turístico del arrabal
por tres pesos te paseo por la capital.

No necesito visa pa volar por el redondel
porque yo juego con aviones de papel.
Arroz con piedra, fango con vino,
y lo que me falta me lo imagino.

No debe andar el mundo con el amor descalzo
Enarbolando un diario como un ala en la mano
Trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
Golpeándonos el pecho con un ala cansada.
No debe andar la vida, recién nacida, a precio,
La niñez arriesgada a una estrecha ganancia
Porque entonces las manos son inútiles fardos
Y el corazón, apenas, una mala palabra.

Cuando cae la noche duermo despierto,
un ojo cerrado y el otro abierto
Por si los tigres me escupen un balazo
mi vida es como un circo pero sin payaso.
Voy caminando por la zanja
haciendo malabares con 5 naranjas.
Pidiendo plata a todos los que pueda
en una bicicleta en una sola rueda.
Soy oxigeno para este continente,
soy lo que descuidó el presidente.
No te asustes si tengo mal aliento,
si me ves sin camisa con las tetillas al viento.
Yo soy un elemento mas del paisaje,
los residuos de la calle son mi camuflaje.

Como algo que existe
que parece de mentira,
algo sin vida, pero que respira.

Pobre del que ha olvidado que hay un niño en la calle,
Que hay millones de niños que viven en la calle
Y multitud de niños que crecen en la calle.
Yo los veo apretando su corazón pequeño,
Mirándonos a todas con fábula en los ojos.
Un relámpago trunco les cruza la mirada,
Porque nadie protege esa vida que crece
Y el amor se ha perdido, como un niño en la calle.

Oye a esta hora exactamente hay un niño en la calle
Hay un niño en la calle.

Armando Tejada Gómez y Ángel Ritro

La montaña mágica


El hombre no vive únicamente su vida personal como individuo, sino también, consciente o inconscientemente, participa de la de su época y de la de sus contemporáneos (...) El individuo puede idear toda clase de objetivos personales, de fines, de esperanzas de perspectivas, de los cuales saca un impulso para los grandes esfuerzos de su actividad; pero cuando lo impersonal lo rodea, cuando la época misma, a pesar de su agitación, está falta de objetivos y de esperanzas, cuando se revela secretamente desesperanzada, desorientada y sin salida, cuando la pregunta planteada consciente o inconscientemente, pero al fin planteada de alguna manera, sobre el sentido supremo más allá de lo personal y lo incondicionado de todo esfuerzo y de toda actividad, se responde con el silencio del vacío, este estado de cosas paralizara justamente los esfuerzos de un carácter recto, y esa influencia, más allá del alma y de lo moral, se extenderá hasta la parte física y orgánica del individuo. Para estar dispuesto a realizar un esfuerzo considerable que rebase la medida de lo que comúnmente se practica, sin que la época pueda dar una contestación satisfactoria a la pregunta "¿Para qué?", es preciso un aislamiento y una pureza moral que son raros, y una naturaleza heroica o de vitalidad particularmente robusta. Hans Castorp no poseía ni lo uno ni lo otro, no era, por lo tanto, más que un hombre; un hombre en uno de sus sentidos más honrosos.

Thomas Mann