Una historia veridica


A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caro, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.
Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables, y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.

Julio Cortázar

George Bernard Shaw


Un hombre razonable es aquel que se adapta al mundo alrededor de él. El hombre no razonable espera que el mundo se adapte a él. Por lo tanto todo progreso es hecho por los hombres no razonables.

El hecho que un creyente pueda ser más feliz que un escéptico, es tan cierto como decir que el borracho es más feliz que el hombre sobrio.

Ahora ya sabemos que el alma es el cuerpo y el cuerpo el alma. Nos dicen que son diferentes porque quieren persuadirnos de que podemos quedarnos con nuestras almas si los dejamos esclavizar nuestros cuerpos.

¿Por qué debemos aceptar los consejos del Papa sobre sexo? si él sabe algo al respecto, pues, ¡no debería!

Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana, e intercambiamos las manzanas, entonces tanto tú como yo seguiremos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea, e intercambiamos ideas, entonces ambos tendremos dos ideas.


El ser humano y la libertad en el pensamiento de Sartre

Distingue Sartre en el mundo dos tipos de realidades o entes, los que son "en-sí", y los que son "para-sí". Entre estos últimos se encuentran los seres humanos, en cuanto son conscientes de su propio ser, en cuanto existen, en el sentido anteriormente señalado. Los demás seres simplemente son. El ser humano, siendo consciente de su propio ser, y precisamente por ello, existe, ¿Cuál es, pues, el ser del ser humano, el ser del para-sí? El ser del ser humano es la nada, tomada en su sentido más literal.

¿Cómo llega Sartre a alcanzar esta respuesta? El análisis de la conducta humana, basado en cierto modo en la filosofía de Heidegger, le lleva a Sartre a descubrir en el ser humano la posibilidad que éste tiene, frente a los demás seres, de contestar con un no, es decir: le lleva a descubrir al ser humano como posibilidad de negar. La interrogación nos descubre un nuevo componente de lo real, la negatividad. Pero ¿dónde está el origen de esta nada? No puede originarse en el ser en-sí, puesto que la noción de ser en-sí no contiene en su estructura la nada: el ser en-.sí es pura positividad. La idea de la nada tiene que venir, en consecuencia, del otro único tipo de ser, del ser para-sí, única realidad que queda, excluido en ser en-sí. Dice Sartre:

"Debe, por tanto, existir un ser - que no puede ser el para-sí - y que tenga como propiedad el níhilizar (negar) la nada, soportarla en su ser y construirla contínuamente de su existencia, un ser por el cual la nada venga a las cosas".

Pero, para ser el creador de la nada, el ser humano debe albergar en si mismo la nada: el ser del ser humano, en definitiva, es la nada. No hay que entender esta nada como si el ser humano en si mismo fuera absolutamente nada: en el ser humano hay un en-sí, es decir, su cuerpo, su "ego", sus costumbres... Pero lo específicamente humano es su no determinación, su libertad, su nada. Sartre nos dice, además, que el para-sí (el ser humano) se caracteriza por tres tendencias:

1) tendencia a la nada
2) tendencia al otro
3) tendencia al ser

De igual a igual


Soy bolita en Italia,

soy colombo en Nueva York,

soy sudaca por España

y paragua de Asunción.


Español en Argentina,

alemán en Salvador,

un francés se fue pa' Chile,

japonés en Ecuador.


El mundo está amueblado

con maderas del Brasil

y hay grandes agujeros

en la selva misionera.


Europa no recuerda

de los barcos que mandó.

Gente herida por la guerra

esta tierra la salvó.


Si me pedís que vuelva

otra vez donde nací

yo pido que tu empresa

se vaya de mi país


Y así será de igual a igual

Y así será de igual a igual.


Tico, nica, el boricua,

arjo, mejo, el panameño

hacen cola en la Embajada

para conseguir un sueño.


En tanto el gran ladrón,

lleno de antecedentes,

si lo para Inmigración

pide por el presidente.


Los llamados ilegales

que no tienen documentos

son desesperanzados

sin trabajo y sin aliento.


Ilegales son los que

dejaron ir a Pinochet.

Inglaterra se jactaba

de su honor y de su ley.


León Gieco


Destino de Poeta


¿Palabras? Sí, de aire,
y en el aire perdidas.
Déjame que me pierda entre palabras,
déjame ser el aire en unos labios,
un soplo vagabundo sin contornos
que el aire desvanece.
También la luz en sí misma se pierde.


Octavio Paz

Su catedral


"La lámpara ilumina débilmente los ángulos sombríos de mi cuarto y pone un gran disco de viva luz donde entran mi mano, de repente ambarina, mi libro, mi escritorio. En las paredes azulean delgados hilillos de luna que han entrado por la imperceptible separación de las rojas colgaduras. Todo el mundo se ha acostado en el gran piso silencioso… - Entreabro la ventana para ver de nuevo por última vez la dulce cara leonada, muy redonda, de la luna amiga. Oigo algo así como el aliento fresquísimo, frío, de todas las cosas que duermen -el árbol de donde rezuma la luz azul-, de la bella luz azul que a lo lejos, en un entresijo de calles, transfigura, como un paisaje polar eléctricamente iluminado, los adoquines azules y pálidos. Por encima se extienden los infinitos campos azules donde florecen frágiles estrellas...- He cerrado la ventana. Me he acostado. Mi lámpara, en una mesilla al lado de mi cama, en medio de vasos, de frascos, de bebidas frescas, de librillos preciosamente encuadernados, de cartas de amistad o de amor, ilumina vagamente en el fondo mi biblioteca. ¡La hora divina! A las cosas usuales, como a la naturaleza, las he hecho sagradas por no poder vencerlas. Las he revestido con mi alma y con imágenes íntimas o espléndidas. Vivo en un santuario, en medio de un espectáculo. Soy el centro de las cosas y cada una me procura sensaciones y sentimientos magníficos o melancólicos, que disfruto. Ante los ojos tengo visiones espléndidas. Se está bien en esta cama…. Me duermo."

Marcel Proust

¿Ya nunca hacia atrás?


¿Ya nunca hacia atrás?
¿Ni avanzar jamás?
Así yo aquí espero
Y obstinado cojo
Lo que asir me dejan la mano y el ojo.
Cinco pies de tierra y la aurora en suerte,
Y bajo mis plantas ...
Hombre, Mundo, Muerte.


F. Nietzsche

Para Él


Lejos o cerca, la mujer no hace más que seguir al hombre amado. Una sombra detrás de otra sombra. Condenada a esperarlo, ramera o santa, prostituyéndose, acostándose con otros, con otras… vendiendo su cuerpo para que los demás gocen. O sacrificándose para que los demás vivan… pero siempre guardando la sombra de su amado en su corazón.


Madama Sui

Si


Si logras conservar intacta tu firmeza,
Cuando todos vacilan y tachan tu entereza,
Si a pesar de esas dudas, mantienes tus creencias,
Sin que te debiliten extrañas sugerencias.

Si sabes esperar, y fiel a la verdad, reacio a la mentira,
El odio de los otros te sienta indiferente,
Sin creerte por ello, muy sabio o muy valiente.

Si sueñas, sin por ello rendirte ante tu ensueño,
Si piensas, mas de tu pensamiento sigues dueño.
Si triunfos o desastres, no menguan tus ardores,
Y por igual los tratas como dos impostores
Si soportas oír la verdad deformada,
Cual trampa de necios, por malvados usada.
O mirar hecho trizas de tu vida el ideal,
Y con gastados útiles, recomenzar igual.

Si toda la victoria conquistada,
Te atreves a arriesgar en una audaz jugada,
Y aun perdiendo, sin quejas, ni tristezas,
Con nuevo brío reiniciar, puedes tu empresa.

Si entregado a la lucha, con nervio y corazón,
Aun desfallecido, persistes en la acción,
Y extraes energías, cansado y vacilante,
De heroica voluntad, que te ordena ¡adelante!.

Si hasta el pueblo te acercas sin perder tu virtud,
Y con reyes alternas sin cambiar de actitud,
Si no logran turbarte ni amigo, ni enemigo,
Pero en justa medida, pueden contar contigo.

Si alcanzas a llenar, el minuto sereno,
De sesenta segundos, de un esfuerzo supremo,
Lo que existe en el mundo, en tus manos tendrás,
Y además hijo mío: ¡ humano serás !

Rudyard kipling

Enemigos Íntimos


Hay tardes en que todo
huele a enebro quemado
y a tierra prometida.
Tardes en que está cerca el mar y se oye
la voz que dice: “Ven.”
Pero algo nos retiene todavía
junto a los otros: el amor, el verbo
transitivo, con su pequeña garra
de lobezno o su esperanza apenas.
No ha llegado el momento. La partida
no puede improvisarse, porque sólo
al final de una savia prolongada,
de una pausada sangre,
brota la espiga desde
la simiente enterrada.
En esas largas
tardes en que se toca casi el mar
y su música, un poco
más y nos bastaría
cerrar los ojos para morir. Viene
de abajo la llamada, del lugar
donde se desmorona la apariencia
del fruto y sólo queda su dulzor.
Pero hemos de aguardar
un tiempo aún: más labios, más caricias,
el amor otra vez, la misma, porque
la vida y el amor transcurren juntos
o son quizá una sola
enfermedad mortal.
Hay tardes de domingo en que se sabe
que algo está consumándose entre el cálido
alborozo del mundo,
y en las que recostar sobre la hierba
la cabeza no es más que un tibio ensayo
de la muerte. Y está
bien todo entonces, y se ordena todo,
y una firme alegría nos inunda
de abril seguro. Vuelven
las estrellas el rostro hacia nosotros
para la despedida.
Dispone un hueco exacto
la tierra. Se percibe
el pulso azul del mar. “

Esto era aquello.”

Con esmero el olvido ha principiado
su menuda tarea...
Y de repente
busca una boca nuestra boca, y unas
manos oprimen nuestras manos, y hay
una amorosa voz
que nos dice: “Despierta.
Estoy yo aquí. Levántate.” Y vivimos.

Antonio Gala

Los cantos del maldoror


Lector, quizás desees que invoque al odio en el comienzo de esta obra. ¿Quién te dice que no has de olfatearlo, sumergido en innumerables voluptuosidades, tanto como quieras, con tus orgullosas narices, anchas y afiladas, volviéndote de vientre, semejante a un tiburón, en el aire hermoso y negro, como si comprendieras la importancia de ese acto y la importancia no menos de tu legítimo apetito, lenta y majestuosamente, las rojas emanaciones? Te aseguro que los dos deformes agujeros de tu horroroso hocico, oh monstruo, se regocijarán, si te dispones de antemano a respirar tres mil veces seguidas la conciencia maldita de lo Eterno. Tus narices, desmesuradamente dilatadas por la inefable satisfacción, por el éxtasis inmóvil, no pedirán otra cosa al espacio, embalsamado de perfumes e incienso, pues se colmarán de una dicha completa, como los ángeles que habitan en la magnificencia y la paz de los gratos cielos.

CONDE DE LAUTRÉAMONT

SI ALGUNA VEZ


Si alguna vez quisieras hablarme, yo estaría

con mi ser aquietado más que un agua nocturna

para la ondulación de tus palabras.

Estaría en la noche sintiendo cómo el roce

de tu voz sobre el alma del silencio me nombra,

¡y yo sin saber dónde arrodillarme...!

Vértebras de caricias reanimarán mis horas.

Palabras con sus bordes tatuados de ternura,

y entre un presagio y un temor, tú misma.

Háblame. Mírame. Tus voces, tu mirada,

desarmarán mis párpados y mi arteria de sombras,

y en ámbitos de un hielo estupefacto,

por liturgia del fuego, mi rosa envenenada

Será otra vez la lumbre de un corazón más joven.


Augusto Roa Bastos


FAUSTO

DEDICATORIA

Os aproximáis de nuevo, formas temblorosas que os mostrasteis hace ya mucho tiempo a mi turbada vista. Mas, ¿intento apresaros ahora?, ¿se siente mi corazón aún capaz de semejante locura? Os agolpáis, luego podéis reinar al igual que, saliendo del vaho y la niebla, os vais elevando a mi alrededor. Mi pecho se estremece juvenilmente al hálito mágico de vuestra procesión.
Me traéis imágenes de días felices, y algunas sombras queridas se alzan. Como a una vieja leyenda casi olvidada, os acompañan el primer amor y la amistad; el dolor se renueva; la queja vuelve a emprender el errático y laberíntico camino de la vida y pronuncia el nombre de aquellas nobles personas que, engañadas por la esperanza de días de felicidad, han desaparecido antes que yo. Las almas a las que canté por primera vez ya no escucharán estos cantos. Se disolvió aquel amigable grupo y se extinguió el eco primero. Mi canción se entona para una multitud de extraños cuyo aplauso me provoca temor, y todo aquello que se regocijaba con mi canto, si aún vive, vaga disperso por el mundo.
Me sumo en una nostalgia, que no sentía hace mucho tiempo, de aquel reino de espíritus, sereno y grave. Mi canto susurrante flota como arpa de Eolo; un escalofrío se apodera de mí. Las lágrimas van cayendo una tras otra. El recio corazón se enternece y ablanda. Lo que poseo lo veo en la lejanía y lo que desapareció se convierte para mí en realidad.

Wolfgang GOETHE

Lucas, sus sueños


A veces les sospecha una estrategia concéntrica de leopardos que se acercaran paulatinamente a un centro, a una bestia temblorosa y agazapada, la razón del sueño. Pero se despierta antes de que los leopardos hayan llegado a su presa y sólo le queda el olor a selva y a hambre y a uñas; con eso apenas, tiene que imaginar a la bestia y no es posible. Comprende que la cacería puede durar muchos otros sueños, pero se le escapa el motivo deesa sigilosa dilación, de ese acercarse sin término. ¿No tiene un propósito el sueño, y no es la bestia ese propósito? ¿A qué responde esconder repetidamente su posible nombre: sexo, madre, estatura, incesto, tartamudeo, sodomía? ¿Por qué si el sueño es para eso, para mostrarle al fin la bestia? Pero no, entonces el sueño es para que los leopardos continúen suespiral interminable y solamente le dejen un asomo de claro de selva, una forma acurrucada, un olor estancándose. Su ineficacia es un castigo, acaso un adelanto delinfierno; nunca llegará a saber si la bestia despedazará a los leopardos, si alzará rugiendolas agujas de tejer de la tía que le hizo aquella extraña caricia mientras le lavaba los muslos, una tarde en la casa de campo, allá por los años veinte.

Julio Cortázar

Escrito en un libro abandonado en un viaje


Tengo el cansancio anticipado de lo que no voy a encontrar. Si en determinado momento me hubiera vuelto para la izquierda en lugar de para la derecha. Si en cierto instante hubiera dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí. Si en determinada conversación hubiese tenido frases que sólo ahora en el entresueño elaboro. Si todo esto hubiera sido así hoy sería otro y quizá el Universo entero sería insensiblemente llevado a ser otro también. Pero sólo ahora lo que nunca fui ni seré me duele. Voy apasar la noche a Cintra porque no puedo pasarla en Lisboa pero cuando llegue a Cintra me va dar pena de no haberme quedado en Lisboa. Siempre esta inquietud sin resolución, sin nexo, sin consecuencia. Siempre, siempre, siempre. Esta angustia excesiva del espíritu por nada. En la carretera de Cintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida. A la izquierda hay una casucha al borde de la carretera. A la derecha, el campo abierto con la luna a lo lejos. El auto que parecía hace poco proporcionarme libertad es ahora algo en lo que estoy encerrado. A la izquierda, hacia atrás, la casucha modesta. La vida allí debe ser feliz sólo porque no es la mía. Si alguien me ha visto desde la ventana de la casucha soñará: ese que va en el auto es feliz.

Fernando Pessoa

¿Qué pasó?


Te torcieron el brazo

y no bajaste más ni a la vereda;

nuestras pasiones cansadas

entristecen a esta era

que acaba sola en tu guarida.

Sos el secreto de una ciudad perdida;

quiero cantarte para no olvidarte

un día y por siempre.

Si una gran caravana

sacudiera tus pupilas

con una procesión de ciegos

que trafican luces sin brillo.

Si tus faroles no arden

por lo menos dame de tu carne;

en mi canción te has perdido,

no encontrarte trajo mala suerte

y pregunto

¿Qué pasó? ...

Se apaga el cielo, está descolorido

y no lo ves de mirar hacia el frente;

el hambre ciego mordió tu sol

el mar por miedo perdió su quejido eterno.

¡Maldita espera!

Es el mejor tiempo perdido,

te apagás, me apagué o me apagás,

o qué haces, o qué hago.

¿Qué pasó? ... me pregunto,

¿Qué pasó? ... me pregunto,

¿Qué pasó? ...



La Bersuit Vergarabat

El Marques de Sade


El marqués de Sade ha vuelto a entrar en el volcán en erupción
De donde había salido
Con sus hermosas manos todavía ornadas de flecos
Sus ojos de doncella
Y ese permanente razonamiento de sálvese quien pueda
Tan exclusivamente suyo
Pero desde el salón fosforescente iluminado por lámparas de entrañas
Nunca ha cesado de lanzar las órdenes misteriosas
Que abren una brecha en la noche moral
Por esa brecha veo
Las grandes sombras crujientes la vieja corteza gastada
Que se desvanecen
Para permitirme amarte
Como el primer hombre amó a la primera mujer
Con toda libertad
Esa libertad
Por la cual el fuego mismo ha llegado a ser hombre
Por la cual el marqués de Sade desafió a los siglos con sus grandes árboles abstractos
Y acróbatas trágicos
Aferrados al hilo de la Virgen del deseo

Andre Bretón

VOCES


Tú crees que me matas. Yo creo que te suicidas.


Hallarás la distancia que te separa de ellos, uniéndote a ellos.


Cuando me hiciste otro, te dejé conmigo.


Casi no he tocado el barro y soy de barro.


Mis ojos, por haber sido puentes, son abismos.


Han dejado de engañarte, no de quererte.
Y te parece que han dejado de quererte.


Nada no es solamente nada. Es también nuestra cárcel.


El dolor no nos sigue: camina adelante.


En plena luz no somos ni una sombra.


Quien hace un paraíso de su pan, de su hambre hace un infierno.


Quieren perderte, casi por nada.
Y tú quieres salvarte.
¿ Y para qué quieres salvarte... casi por nada ?


Se puede no deber nada devolviendo la luz al sol.


Lleve cada uno su culpa y no habrá culpables.


ANTONIO PORCHIA

SER


Con la frente como una bandera perdida
Te arrastro cuando estoy solo
Por calles heladas
Por cuartos negros
Proclamando infortunios

No quiero abandonar
Tus manos claras y complicadas
Nacidas en el encerrado espejo de las mías

Todo lo demás es perfecto
Todo lo demás es todavía más inútil
Que la vida

Excava la tierra bajo tu sombra

Un estanque junto a los senos
donde hundirse
como una piedra


Paul Eluard

Manual de Ejercicios Pleyedianos


Esta lista no pretende presentar a nadie como mala persona; pretende hacerte caer en la cuenta de la naturale­za de los acuerdos psíquicos en una sociedad que tiende hacia la represión emocional, la codependencia y la nega­ción. Siguen otros ejemplos corrientes de acuerdos:

1. Los miembros de la familia no reconocen el proble­ma del padre o la madre con la bebida, su comportamien­to violento, su mal genio, sus problemas económicos o cualquier otra cosa de la que se avergüence la familia.

2. Absorbes el miedo de otra persona para demostrar que no la vas a herir como otros hicieron en el pasado.

3. Cambias sexo por sostén económico.

4. Nunca discrepas con el jefe para que no te despida.

La lista podría continuar indefinidamente. Al menos ya tienes una idea de la naturaleza de los contratos perso­nales. También hay contratos sociales y planetarios. Ejem­plos de contratos sociales son

1. Los que vivimos en la zona este de la ciudad no tenemos nada que ver con las otras razas, o seres inferio­res en general, de la zona norte, y estamos de acuerdo en que los de la parte oeste son esnobs.

2. Los miembros de nuestro grupo social no llevan co­lores chillones.

3. Apoyamos el victimismo de cada uno jugando al «pobre de mi» y estando de acuerdo en que no tenemos una oportunidad en este mundo. «Desdicha en compañía» es otro modo de decirlo.

4. Sólo nos relacionaremos con miembros de nuestra Iglesia porque somos las únicas buenas personas de la ciudad.

Algunos de los contratos planetarios que he encontra­do y despejado en mí misma y/o en clientes son:

1. Estamos de acuerdo en que todos en este planeta deben estar bajo el mando de, y responder a, un gobierno organizado. Si ese gobierno cuenta con entes oscuros que controlan y poseen a su jefe, debemos someternos tam­bién a ellos.

2. Somos los únicos seres vivos que existen, no hay vida más allá de la Tierra.

3. Las mujeres se mantendrán oprimidas mediante la mentira de Adán y Eva de que la mujer trajo la oscuridad sobre el planeta.

Hay más, muchos más. Puede que al menos un ejem­plo de contrato tenga en ti resonancias personales y puede que te hayan dado ideas sobre algunos no mencionados. Puedes despejar estos acuerdos con el proceso siguiente. Empieza con uno de los contratos planetarios antes men­cionados y luego formula uno propio.

1. Cierra los ojos, conéctate a la tierra, extiende el aura y comprueba las rosas y los colores de los límites.

2. Opcional: Haz fluir las energías cósmicas doradas y terrestres y ponlas en Automático.

3. Visualiza un documento legal en cuya parte supe­rior figure la palabra «CONTRATO».

4. En la parte inferior del contrato, a un lado, verás tu propio nombre.

5. En el lado opuesto verás el nombre de la persona o grupo con quien has establecido el acuerdo. La primera vez que des estos pasos verás «los ciudadanos del planeta Tierra» en el lado opuesto al de tu nombre.

6. Ahora debes decirte de qué trata el contrato o vi­sualizar las palabras del contrato si lo prefieres. La prime­ra vez imagina que el contrato dice: «Los seres humanos de este planeta deben estar bajo el dominio de un gobier­no oficial y de los entes que controlan el gobierno».

7. Escribe «ANULADO» sobre el contrato de tu puño y letra, en letras grandes y rojas.

8. Rompe el contrato en dos y quémalo en un fuego de color normal.

9. Repite el proceso a partir del paso 3, esta vez usan­do un contrato que tengas con una persona o grupo.

10. Cuando termines, abre los ojos.


AMORAH QUAN YIN


La eternidad también es ahora



Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.

Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.



San Mateo Cap 6 vers 1,1,2,3,5,8,13,21