Desolación
Soledad
Soledad,
aquí están mis credenciales,
vengo llamando a tu puerta
desde hace un tiempo,
creo que pasaremos juntos temporales,
propongo que tú y yo nos vayamos conociendo.
Aquí estoy,
te traigo mis cicatrices,
palabras sobre papel pentagramado,
no te fijes mucho en lo que dicen,
me encontrarás
en cada cosa que he callado.
Ya pasó
ya he dejado que se empañe
la ilusión de que vivir es indoloro.
Que raro que seas tú
quien me acompañe, soledad,
a mi, que nunca supe bien
cómo estar solo.
Jorge Drexler
Este pan que yo parto
Este pan que yo parto fue alguna vez avena,
CONFESIONES DE UN ARTISTA DE MIERDA
Estoy hecho de agua. Jamás se darán cuenta de ello, porque la tengo contenida. También mis amigos están hechos de agua. Todos. Para nosotros, el problema no sólo radica en que debemos andar sin ser absorbidos por la tierra, sino que debemos ganarnos la vida.
Philip K. Dick
Un supermercado en California
La rebelión de las masas
Idea Misantrópica
Max Scheler
Las palabras y las cosas
Laberinto
No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni anverso ni reverso
ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin. Es de hierro tu destino
como tu juez. No aguardes la embestida
del toro que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña
de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo la fiera.
Juventud
Tao Te Ching
La niña verde
Debemos explicar que el pueblo de este país tenía de la inmortalidad una noción diametralmente opuesta a la que prevalece en la tierra. Quizá porque en lugar de un cielo abierto e impalpable veían sobre sus cabezas la roca sólida, o bien porque creyeran que su universo era de extensión limitada y numerables sus habitantes o por cualquier otra causa, lo cierto es que los elementos orgánicos y vitales del cuerpo les parecían repulsivos y deplorables. Todo lo que fuera blando y gaseoso los llenaba de una especie de horror, y para ellos la respiración humana era sobre todo el síntoma de una maldición original que sólo después de la muerte podía extirparse. La muerte misma no era causa de espanto para ellos, pero nada los aterrorizaba tanto como la corrupción y la ruina: ambas significaban un retorno a lo blando, a lo gaseoso, al elemento que era de su debilidad y su desgracia. Su único deseo era volverse sólidos, tan sólidos y perdurables como las rocas que los rodeaban. Practicaban los ritos de la petrificación. Cuando el odiado hálito por fin abandonaba el cuerpo humano, llevaban ese cuerpo a cavernas especiales y allí lo hundían en canales llenos con el agua mineral que fluía por techos y paredes. Allí permanecían hasta que el cuerpo se volvía blanco y duro, hasta que los ojos se cristalizaban bajo los párpados vítreos, hasta que el pelo parecía hecho con la frágil materia de los caracoles y la barba se convertía en unos pocos carámbanos mellados. Pero este proceso era sólo un largo purgatorio, ya que una vez petrificado el cuerpo lo retiraban del agua para llevarlo como una estatua yacente a las salas de los muertos, cavernas en que los cuerpos alabastrinos se apilaban en apretadas filas aguardando su beatitud final: la cristalización. Cuando el cuerpo, que más que humano parecía un pilar de sal, adquiría la precisión matemática y la estructura perfecta del cristal, entonces consideraban que había llegado a la verdadera inmortalidad.
Teoría del artista
Hoja de otoño
- Tú produces, al caerte, un bullicio que perturba mi sueño.
- Vil de origen - contestóle la hoja de otoño fuera de sí -. Grosera y deslenguada, ¿dónde tienes los sueños si tú vives pegada a la podredumbre, lejos de la música del cielo, sin tener cómo distinguir entre el canto y el maullido?
Dijo esto la hoja de otoño y cayó al suelo.
Y durmió, y cuando llegó la primavera, se despertó de su modorra y se sintió metamorfoseada: habíase vuelto una brizana de pasto.
Vino el otoño con sus vientos y con su triste melancólico cielo.
Embargó a aquella hojita de otoño el sueño de invierno
y comenzó el viento a esparcir a su derredor las hojas marchitas de los árboles.
Enfadada, murmuraba entre sí:
- ¡Uf!, las groseras hojas del otoño...
¡Qué bullicio producen al caer que perturba los sueños de mi invierno!
Las palabras y las cosas
El fuego interno
Lo desconocido es algo que está velado para el hombre, amparado quizá en un contexto aterrador; pero aun así está al alcance del hombre. En cierto momento, lo desconocido se convierte en conocido. Lo que no se puede conocer, en cambio, es lo indescriptible, lo impensable, lo inconcebible. Es algo que jamás conoceremos y que sin embargo está ahí, deslumbrante y a la vez horroroso en su vastedad.
Carlos Castaneda
Una historia veridica
A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caro, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.
George Bernard Shaw
Un hombre razonable es aquel que se adapta al mundo alrededor de él. El hombre no razonable espera que el mundo se adapte a él. Por lo tanto todo progreso es hecho por los hombres no razonables.
El hecho que un creyente pueda ser más feliz que un escéptico, es tan cierto como decir que el borracho es más feliz que el hombre sobrio.
Ahora ya sabemos que el alma es el cuerpo y el cuerpo el alma. Nos dicen que son diferentes porque quieren persuadirnos de que podemos quedarnos con nuestras almas si los dejamos esclavizar nuestros cuerpos.
¿Por qué debemos aceptar los consejos del Papa sobre sexo? si él sabe algo al respecto, pues, ¡no debería!
Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana, e intercambiamos las manzanas, entonces tanto tú como yo seguiremos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea, e intercambiamos ideas, entonces ambos tendremos dos ideas.
El ser humano y la libertad en el pensamiento de Sartre
Distingue Sartre en el mundo dos tipos de realidades o entes, los que son "en-sí", y los que son "para-sí". Entre estos últimos se encuentran los seres humanos, en cuanto son conscientes de su propio ser, en cuanto existen, en el sentido anteriormente señalado. Los demás seres simplemente son. El ser humano, siendo consciente de su propio ser, y precisamente por ello, existe, ¿Cuál es, pues, el ser del ser humano, el ser del para-sí? El ser del ser humano es la nada, tomada en su sentido más literal.
¿Cómo llega Sartre a alcanzar esta respuesta? El análisis de la conducta humana, basado en cierto modo en la filosofía de Heidegger, le lleva a Sartre a descubrir en el ser humano la posibilidad que éste tiene, frente a los demás seres, de contestar con un no, es decir: le lleva a descubrir al ser humano como posibilidad de negar. La interrogación nos descubre un nuevo componente de lo real, la negatividad. Pero ¿dónde está el origen de esta nada? No puede originarse en el ser en-sí, puesto que la noción de ser en-sí no contiene en su estructura la nada: el ser en-.sí es pura positividad. La idea de la nada tiene que venir, en consecuencia, del otro único tipo de ser, del ser para-sí, única realidad que queda, excluido en ser en-sí. Dice Sartre:
"Debe, por tanto, existir un ser - que no puede ser el para-sí - y que tenga como propiedad el níhilizar (negar) la nada, soportarla en su ser y construirla contínuamente de su existencia, un ser por el cual la nada venga a las cosas".
Pero, para ser el creador de la nada, el ser humano debe albergar en si mismo la nada: el ser del ser humano, en definitiva, es la nada. No hay que entender esta nada como si el ser humano en si mismo fuera absolutamente nada: en el ser humano hay un en-sí, es decir, su cuerpo, su "ego", sus costumbres... Pero lo específicamente humano es su no determinación, su libertad, su nada. Sartre nos dice, además, que el para-sí (el ser humano) se caracteriza por tres tendencias:
1) tendencia a la nada
2) tendencia al otro
3) tendencia al ser
De igual a igual
Soy bolita en Italia,
soy colombo en Nueva York,
soy sudaca por España
y paragua de Asunción.
Español en Argentina,
alemán en Salvador,
un francés se fue pa' Chile,
japonés en Ecuador.
El mundo está amueblado
con maderas del Brasil
y hay grandes agujeros
en la selva misionera.
Europa no recuerda
de los barcos que mandó.
Gente herida por la guerra
esta tierra la salvó.
Si me pedís que vuelva
otra vez donde nací
yo pido que tu empresa
se vaya de mi país
Y así será de igual a igual
Y así será de igual a igual.
Tico, nica, el boricua,
arjo, mejo, el panameño
hacen cola en la Embajada
para conseguir un sueño.
En tanto el gran ladrón,
lleno de antecedentes,
si lo para Inmigración
pide por el presidente.
Los llamados ilegales
que no tienen documentos
son desesperanzados
sin trabajo y sin aliento.
Ilegales son los que
dejaron ir a Pinochet.
Inglaterra se jactaba
de su honor y de su ley.
León Gieco
